“Me considero una persona tremendamente afortunada de impartir los ramos de Ecogastronomía, ya que son conocimientos con una tremenda profundidad y hermosura, que me fascina estudiar todo el tiempo para transmitirlos mejor a las y los estudiantes”, comenta Juan Pablo Toledo Hormazábal, docente de la carrera de Gastronomía Territorial e Intercultural de Ceduc UCN sede Hualpén. Su camino hacia la docencia comenzó después de estudiar Ingeniería en Biotecnología Vegetal en la Universidad de Concepción y descubrir, a través de iniciativas de huertos comunitarios, una forma más directa de contribuir al bienestar de las personas.
Para el docente, esta área de formación va mucho más allá de las técnicas culinarias. “Siempre les digo que la Gastronomía Territorial e Intercultural se trata de un hábito, de una forma de vivir, de observar con todos los sentidos lo que nos rodea para interpretar cada vez mejor cómo cultivar, compostar, fermentar o conservar”, explica. Una mirada que invita a los estudiantes a reconocer los recursos de su entorno y comprender cómo la producción de alimentos se relaciona con las costumbres y la identidad de las comunidades.
En este aprendizaje práctico, el invernadero de la sede ocupa un lugar fundamental. Allí, los estudiantes conocen distintas estrategias para mantener la fertilidad del suelo y participan en el desafío de aumentar la producción de alimentos. “Nuestro desafío es producir alimentos en serio, llenar cajones y sacos con comida”, señala Juan Pablo, quien destaca el cultivo de tomate rojo y puerro como parte de la estrategia actual. Además, proyecta este espacio como un referente agroecológico capaz de inspirar a la comunidad que transita por sus alrededores.
La relación entre el territorio y la gastronomía también atraviesa sus clases. Para el profesor, los ecosistemas saludables permiten producir alimentos que dan forma a la identidad de las comunidades y se expresan en preparaciones, fermentos y conservas propias de cada localidad. “A las y los estudiantes siempre les recuerdo que los estamos formando para que sean ellos quienes documenten o desarrollen los fermentos y conservas típicos de nuestras localidades, Penco, Hualpén y Talcahuano”, enfatiza, relevando el papel que pueden desempeñar las nuevas generaciones en la preservación de los saberes gastronómicos locales.
Al pensar en lo que espera transmitir a sus estudiantes, el docente vuelve a la esencia de su trabajo: la alimentación como una oportunidad para mejorar la calidad de vida. “Creo que lo más bonito que se puede hacer por una persona es alimentarla”, afirma. Su invitación es a ampliar la mirada sobre la producción de alimentos, llevando el campo a la ciudad e incorporando alternativas como la avicultura, la apicultura y el cultivo de hongos, con el propósito de contribuir a una alimentación completa y nutritiva para la población.