“Uno siempre tiene el anhelo de cumplir procesos que no pudo concretar en el pasado. Pensé que esta era mi oportunidad de tener un título”, comenta Pablo, quien reconoce que volver a estudiar después de 35 años fue un gran desafío. Adaptarse nuevamente a pruebas, trabajos de investigación, exposiciones y herramientas tecnológicas significó un proceso de mucho esfuerzo, noches de estudio y sacrificio familiar.
Pese a las dificultades, destaca el apoyo recibido durante su formación. “Tuve excelentes docentes que siempre estuvieron ahí para apoyarme y no desistir hasta lograr llegar a puerto”, señala. Hoy, próximo a finalizar esta etapa, ya proyecta nuevos desafíos académicos con la meta de continuar estudios de ingeniería en construcción.
Junto a él, su hijo Pablo Jesús Ibacache Oliva, de 20 años, también estudia en sede Lebu y actualmente se encuentra ad portas de iniciar su práctica profesional en Maquinaria Pesada. Al igual que su padre, cursa sus estudios con gratuidad, beneficio que les ha permitido avanzar juntos en su formación profesional y cumplir metas que hoy comparten como familia.
Además, el joven expresa el orgullo que siente al compartir esta experiencia junto a su padre. “Ver cómo retomó sus estudios después de tantos años es algo muy significativo y admirable para mí. A pesar de que no fue fácil, nunca dejó de esforzarse. Su dedicación y perseverancia son un ejemplo claro de superación y constancia”, afirmó. La historia de ambos refleja cómo la educación técnico-profesional puede abrir nuevas oportunidades y transformarse en un proyecto familiar marcado por el esfuerzo y la superación.
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